DÓNDE SE DECIDE UNA CABINA En una cabina todo se juega en la medida.
El vidrio templado se corta y se perfora antes de entrar al horno. Una vez templado, no admite ni un corte más: si la medida quedó mal por un centímetro, la pieza no se ajusta, se vuelve a fabricar. Por eso medimos con el enchape ya terminado y verificamos escuadra y plomo, en vez de creerle a las medidas que nos pasan por teléfono.
El segundo punto son los herrajes. Un baño es vapor, jabón y agua dura todos los días, y ahí el herraje económico se traba en un año. Rodachines con rodamiento sellado y bisagras en acero inoxidable cuestan un poco más al comprar y son la diferencia entre una cabina que sigue corriendo suave a los cinco años y una que hay que empujar.
El tercero es el sello. Casi todas las quejas de agua afuera de la ducha no vienen del vidrio: vienen de los perfiles de sello entre hojas y contra el muro, que es lo primero que se elimina cuando alguien quiere bajar el precio. Un charco cada vez que alguien se baña no es un detalle menor.